logotipo RUTAS del vino de España
LO QUE PASA EN NUESTRAS RUTAS

Saborea, respira y siente,
cuando es Jumilla.

Pasear por un viñedo, visitar una bodega y conocer el proceso de elaboración del vino, alojarse en un entorno rural, tomar un buen vino degustando la gastronomía de la zona en sus restaurantes y adquirir productos típicos en sus tiendas son algunas de las experiencias que Jumilla y su Ruta del Vino ponen al alcance del visitante, sin olvidar la oportunidad de conocer el patrimonio histórico, cultural y natural que el territorio ofrece. Además, en torno a la Ruta se desarrollan actividades a lo largo de todo el año: Semana Gastronómica en noviembre, Ciclo ‘Música entre vinos’ en mayo-junio, Miniferias del Vino en Semana Santa y agosto, etc.
 

Recorrido por la ciudad

Situada en la Comarca del Altiplano de la Región de Murcia, la ciudad de Jumilla ofrece al visitante un amplio abanico de posibilidades. Su rico patrimonio cultural es uno de sus mayores atractivos. Entre los monumentos destacan el Castillo del siglo XV; la Iglesia de Santiago, declarada Monumento Nacional; el Antiguo Palacio del Concejo del siglo XVI, en estilo renacentista, que alberga el Museo Arqueológico Municipal Jerónimo Molina; la Plaza de Arriba, donde se desarrolló la vida política y económica del siglo XVI o el Teatro Vico del siglo XIX, entre otros. Los jardines de la ciudad, como el Jardín de la Estacada, que alberga más de 150 especies forestales en 20.000 m2, es otro de los espectaculares reclamos de la ciudad.
Sus alrededores amplían esa oferta, con la posibilidad de realizar excursiones y senderismos de distinta temática como la Ruta de Santa Ana, la Ruta del Carche, la Ruta de La Pedrera o la Ruta de La Cingla, que recorren paisajes de gran atractivo para los amantes de la naturaleza.

Viñedos y variedades

Los viñedos se extienden sobre una superficie de más de 30.000 hectáreas. En la D.O. Jumilla se utilizan las variedades Monastrell, Garnacha Tintorera, Cencibel, Cabernet Sauvignon, Garnacha, Merlot, Syrah y Petit Verdot, entre las tintas y Airén, Macabeo, Pedro Ximénez, Malvasía, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Moscatel de grano menudo.
entre las blancas. De todas ellas la principal es la Monastrell, que representa más del 80% de la superficie del viñedo, y es la que mejor se ha adaptado a las condiciones de la zona.


Los vinos

La variedad Monastrell hace así diferentes los vinos de la D.O. Jumilla. Entre ellos destacan los vinos rosados obtenidos mediante cortas maceraciones entre pulpa y hollejos, exhibiendo tonalidades rosas, frambuesas y cerezas, con matices morados, de aromas frutosos y elegantes, sabrosos y frescos en boca. Los vinos tintos, también dominados por la presencia de la uva Monastrell, son de fuerte color, generalmente rojo púrpura intenso y muy expresivos y afrutados en nariz (frutos negros, maduros, ciruela…), con taninos vivos en boca y con gran estructura. En cuanto a los vinos tintos de crianza, son sabrosos, carnosos y de gran complejidad aromática. Pero el visitante no puede dejar de probar los vinos tintos dulces, naturales y de licor, vinos tradicionales de la zona y de innegable calidad.


Fiestas y tradiciones

Jumilla cuenta con diversas manifestaciones festivas y culturales entre las que destacan la Semana Santa, declarada de Interés Turístico Nacional. Es una fiesta de gran tradición (cuenta con seis siglos de antigüedad), riqueza artística, colorido, devoción, y entusiasmo; las fiestas patronales con el Festival Nacional de Folklore que se celebra desde el año 1982; Moros y Cristianos, fiesta que, según las Actas Capitulares, ya se celebraba en 1615, y que se recuperó en el año 1987. La Fiesta de la Vendimia, declarada de Interés Turístico Regional, es otro de los acontecimientos destacados en la que todos los actos giran en torno al vino y su cultura y van dirigidas a público de todas las edades.


Gastronomía

La gastronomía jumillana está claramente influenciada por la cocina mediterránea y la manchega, debido a su situación geográfica y su climatología, lo que ha determinado unos platos sabrosos, variados y, generalmente, de gran valor calórico.
Los más conocidos son los gazpachos jumillanos, de tradición judía, cocinados con carne de caza y caracoles serranos; el arroz y conejo, el relleno o ‘pelotas’, comida típica de Navidad; el cabrito frito con ajos; queso de cabra frito con tomate; el trigoentero, un plato que se cocina en Jueves Santo; las empanadas de patata; la gachamiga y el mortirigüelo.
Tampoco hay que pasar por alto la sabrosa pera Ercollini, con Denominación de Origen propia, y los dulces típicos como los sequillos, las pirusas, las cristóbalas, los rollos de vino, de amor, o escaldados que, necesariamente, se deben acompañar con un buen dulce Monastrell.